¿Es la inteligencia artificial solo un truco creativo? ¿O realmente añade valor? Una mirada a lo que las herramientas generativas están haciendo actualmente en nuestras vidas.
Si escribes un mensaje a un amigo vía WhatsApp, es sumamente conveniente que el dispositivo te sugiera cuál podría ser la palabra mientras estás escribiendo. Quizás pocas personas se dan cuenta de que detrás de esto hay un sofisticado programa informático. Sin embargo, con la llegada de ChatGPT, esto ha cambiado drásticamente: la inteligencia artificial está en boca de todos. Esto nos lleva a la primera pregunta.
El término se remonta al matemático británico Alan Matison Turing, el “padre de la informática moderna”. A principios de la década de 1950, en su obra “Computing Machinery and Intelligence”, planteó la cuestión de si las máquinas eran capaces de pensar. Como resultado, Turing desarrolló una prueba en la que se le pide a una persona que distinga entre una respuesta de texto generada por computadora y una escrita por un humano, también conocida como la prueba de Turing.
En esencia, se trata de un programador que logra replicar procesos cognitivos humanos abstractos en el mundo de ceros y unos, de tal manera que se generen soluciones a los problemas para el usuario. Los aspectos lingüísticos son tan importantes como el análisis de patrones. Los ordenadores de ajedrez son un ejemplo de implementación práctica. Por ejemplo, en las décadas de 1980 y 1990, el popular campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov compitió varias veces contra “oponentes” desarrollados por IBM, como Deep Thought y Deep Blue.
Así que la inteligencia artificial no es realmente la nueva moda. ¿O tal vez no? Lo novedoso, sin embargo, es que ahora hay numerosos modelos de influencers que en realidad no existen en absoluto: actores solitarios o pequeños equipos utilizan herramientas de IA para diseñar personajes jóvenes y atractivos e implementar una estrategia de marca con ellos, ganando así dinero real con identidades falsas. También hay cada vez más informes actuales sobre este tema. Todo esto es cuestionable desde un punto de vista ético: ¿los niños y jóvenes no acabarán sufriendo un colapso mental si en las redes sociales se les presenta cada vez más una vida perfecta y se les muestra demasiada piel?