Antes de comprar, define el objetivo: no es lo mismo tener 3 contenedores sencillos que montar varias máquinas virtuales con Windows, laboratorios de redes y servicios persistentes 24/7. Esa decisión marca la RAM, el almacenamiento y el tipo de puertos que vas a necesitar.
Requisitos base para Proxmox y Docker
Para Proxmox, lo importante es que el procesador sea de 64 bits y soporte virtualización por hardware (Intel VT-x o AMD‑V). Además, necesitas RAM suficiente: Proxmox puede arrancar con poca memoria, pero en cuanto metas VMs, la memoria se va rápido porque cada invitado “come” su parte.
Docker suele ser más eficiente que las VMs, pero también depende de lo que corras dentro. Un contenedor de Pi-hole no es lo mismo que una base de datos o un servicio que transcodifica vídeo.
CPU: cuántos núcleos de verdad te hacen falta
Para un homelab básico, con 4 núcleos/8 hilos suele ir bien si tu idea es contenedores y alguna VM ligera. Si vas a usar varias VMs simultáneas (por ejemplo, Windows + Linux + un servidor de pruebas), se nota mucho pasar a 6 u 8 núcleos.
No te obsesiones con “la CPU tope”: en homelab el cuello de botella suele ser RAM y disco, y un procesador correcto con almacenamiento rápido se siente mucho más ágil que una CPU potente con un SSD mediocre.
RAM: el punto dulce y el error más típico
La RAM es lo que más “vida” le da a Proxmox. Como mínimo funcional para trastear: 16 GB. Si te gusta experimentar y no quieres estar apagando VMs todo el rato, 32 GB es el punto dulce para la mayoría de homelabs domésticos.
El error típico es comprar un mini PC barato y descubrir tarde que la RAM está soldada o solo hay un slot, lo que limita ampliaciones. Si puedes, busca 2 slots SO‑DIMM y confirma el máximo real soportado.

Almacenamiento: NVMe primero, luego ya veremos
Para Proxmox, un NVMe marca la diferencia en arranques, snapshots, actualizaciones y sensación general de fluidez. Si el mini PC tiene dos ranuras M.2, mejor: puedes separar el disco del sistema/VMs del disco de datos o de backups.
Si tu objetivo incluye “hacer de NAS”, piensa también en dónde van los datos grandes y cómo harás copias. En homelab, el disco no solo es velocidad: también es organización y recuperación ante fallos.
Red y puertos: lo que te da juego real
Con 1 GbE puedes empezar, pero 2.5 GbE es una mejora muy real si vas a mover backups, ISOs o máquinas virtuales por red. Tener doble puerto Ethernet también ayuda si quieres aprender segmentación (por ejemplo, separar tu LAN de una red de laboratorio).
Si te interesa conectar almacenamiento externo, valora USB rápido. Para algunos escenarios, un puerto extra puede ser más útil que un salto pequeño de CPU.
3 configuraciones tipo (para elegir rápido)
Config 1 (básico): 4C/8T, 16 GB RAM ampliable, 512 GB NVMe, 1 GbE. Para Docker, Home Assistant, Pi‑hole y 1–2 VMs Linux.
Config 2 (equilibrado): 6C/12T o 8C/16T, 32 GB RAM, 1 TB NVMe (o 2×NVMe), 2.5 GbE si puedes. Para VMs Windows + Linux y servicios “serios”.
Config 3 (trasteo intenso): 8C/16T, 64 GB RAM, 2×NVMe, doble 2.5 GbE. Para labs grandes, directorio activo, entornos de pruebas y muchas VMs.
Errores a evitar (checklist rápido)
Compra pensando en ampliación: RAM y M.2 importan más que un “boost” de CPU. Evita modelos sin opción real de ampliar, porque el homelab casi siempre crece. Y si vas a cacharrear con almacenamiento avanzado, no te quedes justo de memoria.
Otros artículos interesantes


